
Textos publicados para el Concurso "Cross a la mandíbula 2008"
Eran las 19 hs del martes 2 de Septiembre y llegué a Ramos para cursar. En la puerta, unos estudiantes anunciaban la asamblea.
Subí hasta el segundo pido por un precario ascensor y entré al aula 201.
A las 19:30 hs. un grupo del centro de estudiantes pidieron permiso para “pasar un aviso”, el profesor lo permitió. Los estudiantes también excepto algunos que manifestaban su disconformidad retirándose de la clase o solicitándole al docente que para esa situación.
- ¡Siempre dicen lo mismo! ¡No quiero perder más clase!
Propusieron levantar la cursada y llamar a una asamblea en la puerta de Ramos Mejía.
El profesor nuevamente apoyó la intervención de los compañeros.
Todos nos levantamos. Empezaron a entonar una canción que yo no sabía. Era algo del presupuesto.
-¡si el presupuesto no esta que quilombo que se va a armar!
Tenía ritmo de carnavalito, pensé en bailarlo, pero me censuré. Finalmente la aprendí.
Rumores. En estos casos siempre hay rumores. Que cortamos Ramos Mejía, que cortamos Corrientes, que tomamos la facultad, que todo queda en la nada. Rumores.
Ya estamos casi todos. Nos sentamos. El asfalto es nuevito, lo estrenamos.
El megáfono como hasta ahora esta presente. Hay una nueva variante de la canción.
-¡si el edificio no está que quilombo que se va a armar!
Esta ya la sé. Canto, grito, aplaudo. Todos aplaudimos y el grito se hace uno.
A las 20 hs. llega el momento de las mociones. Se decide un límite de tres minutos y de un representante por agrupación política. Quieren más, no le dan. Se intercalan con un nuevo grupo, los “independientes”. Yo soy parte de ese grupo. Siento que es algo para poder pertenecer. Para no ser aplastados. Ellos tienen experiencia. Uno a uno de los “independientes” que pasan a hablar con su megáfono se disculpa por una eventual retórica confusa o mala. Todo está bastante organizado primero se anuncia el nombre y condición de la persona que va a hablar y se solicita la preparación del siguiente. Todos dicen casi lo mismo. El reclamo es el mismo para todos. Más presupuesto, el edificio único para sociales y sueldo para los docentes. Palabras más palabras menos eso es lo que dicen todos. Algunos con más potencia, otros con timidez.
A las 20:30hs la euforia por tanta concurrencia lleva a proponer el corte de Corrientes y Ángel Gallardo. Se vota. Se aprueba. Todos a cortar. Nos ordenamos otra vez para cortar y seguir con la asamblea. Continuamos ordenados. Trato de ponerme bien adelante para poder escuchar. No me animo a pasar al frente para hablar. El megáfono me inhibe, pero tengo ganas. Ganas de decir lo mismo que vienen diciendo hace una hora, ganas de expresar mi adhesión a la causa. Pero no me animo, entonces sigo aplaudiendo. Suenan bocinazos.
-¡toca bocina y apoya a la educación, toca bocina y apoya la educación!
Los conductores nos odian. A nosotros en parte nos divierte eso. No le damos importancia y seguimos con nuestra asamblea. Somos muchos, muchísimos. Los más grandes que pasan a hablar dicen que desde el 2005 que no se veía algo así, otros hacen referencia al 2001. No me animo a preguntar por qué.
-En tres minutos llega crónica.
Se escucha por el fondo. Todos aplaudimos. Nos preguntamos quién va a hablar con los medios. Otros se preguntan qué le vamos a decir a los medios.
Se escucha la sirena de una ambulancia. La dejamos pasar. Rápidamente volvemos a nuestra asamblea.
Llegó Crónica “siempre con el pueblo”. Cantamos para la cámara.
-¡Llamen al decano y al rector, para que vea que Sociales no cambia de idea pelea pelea por la educación!
La señora de crónica nos apura. Intentamos aguantar la presión. Se van para un costado y ya no los veo, nosotros seguimos con nuestra reunión. Después me contaron que finalmente se habló con Crónica.
-¡M.T. esta tomada y constitución también!
Se escuchan aplausos y gritos
-¡Compañeros nos acaban de informar que Filo esta tomada y parece que Ingeniería va en camino a lo mismo!
Más gritos y más aplausos. La euforia se siente por todos lados y casi por inercia se llega a la votación.
-Compañeros, tenemos que tomar una decisión ¿quién vota por la afirmativa de la toma de la sede de Ramos?
Casi todos levantamos las manos y como para darle cierta seriedad pero con la sonrisa de sentir una primer conquista se preguntaron
-¿votos negativos o abstenciones?
Todos estábamos felices. No importaban las banderas si no lo que nos motivaba. Comenzamos a votar una a una las mociones que habían propuesto los compañeros. Ya no dábamos más de la ansiedad queríamos volver al edificio. Volvimos cantando. Llegamos y subimos hasta el aula 201, allí donde había comenzado mi larga noche. Teníamos que separarnos en comisiones para organizarnos. Entre ellas estaban la de actividades, la de limpieza, la de prensa y la de seguridad entre otras. Yo no fui a ninguna en especial. Tenía mucha hambre. Eran las 23 Hs. Bajé a comer.
De todos modos casi todos los días se reprochaba el tiempo que se perdía de estar con sus hijas. A veces eso lo ponía muy triste. Fue por esa sensación de culpa que un día decidió ir a un psicólogo. El licenciado Marrapodi le era de mucha ayuda, acudía a él una vez por semana al principio y luego acordaron verse dos veces. Allí podía desahogarse, sentirse más “liviano” decía él.
Aquella mañana-como todas- no había sucedido nada esplendoroso, nada fuera de lo común. De pronto, mientras realizaba sus tareas cotidianas fue interrumpido por Florencia, su asistente, secretaria y a veces confidente para decirle que había una persona que quería verlo a pesar de no tener una cita acordada – el señor Justo Podestá era alguien muy solicitado con lo cual todo aquel que quisiera verlo o tener un contacto con él antes debería pasar por la agenda. Justo preguntó cómo se llamaba la persona que lo solicitaba y Florencia contestó “Olivia Ridolfi”. A Justo se le cortó la respiración, su corazón se paralizó por un instante, un fuerte escozor le recorrió la espalda. Pidió un vaso de agua y ordenó que le permitieran pasar. Trató de peinarse con sus dedos y se acomodó la corbata lo más rápido y mejor que pudo. Escuchó la puerta que se abría. Y ahí estaba. Hermosa, radiante. Tenía el cabello oscuro del color de la madera de los cedros y los ojos verdes como el mar del Caribe, seguía teniendo unas simpáticas pecas sobre la nariz, su boca era muy roja, tal vez llevaba un poco de maquillaje, pero sólo en los labios, el resto de su cara estaba al descubierto. Estaba igual que hacía veintiocho años, con algunas marcas de la vida, pero igualmente bella, lo único que había cambiado era el brillo de sus ojos. Ya no estaban tintineantes como en la adolescencia. A Justo se le pasaron miles de cosas por la cabeza en un segundo hasta que Olivia rompió el silencio.
-Tal vez te parezca extraña mi presencia, pero estaba en la ciudad y decidí venir a verte- dijo casi con vergüenza.
- En realidad sí me parece extraño que vengas, pero tengo que confesarte que me hace muy feliz verte.
Se abrazaron muy fuerte. Él se sintió feliz. Ella se sintió a salvo.
Olivia había hecho el secundario con Justo. Eran los mejores amigos, casi hermanos, o como decía ella su hermano del corazón. Ella siempre había soñado con ser una estrella de cine, estar entre glamour y los flashes. Muchas veces le contaba a su amigo sus fantasías y proyectos, Justo no les daba importancia, pero le gustaba verla y escucharla mientras fantaseaba. La mamá de Olivia había fallecido cuando ella era muy pequeña y vivía junto a su padre, un hombre muy rígido y estricto, miembro de